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Encarna el ideal al que aspira nuestra propuesta educatiVA
Maximiliano Kolbe. Un hombre libre.
Ofreció su vida para salvar la de un padre de familia

De carácter audaz, fue un infatigable emprendedor de servicios y obras sociales

Su vida es la muestra palpable de que la fe verdadera es aquella que toma forma en la vida diaria.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Entrada al campo de concentración de Auschwitz. Allí le adjudicaron el número 16.670.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En Cristo encontró la alegría de darse a sí mismo, la libertad verdadera.

 

 

 

 

 

 

Bloque 14, bunker de la muerte, donde le mataron el 14 de agosto de 1941

Puede parecer el argumento de una película, pero esta historia es tan real como la vida misma. Cuenta el itinerario de un hombre que en la primera mitad del siglo XX vivió convencido de que el Amor siempre vence al odio por terrible, sistemático y duradero que parezca. Su vida es la muestra palpable de que la fe verdadera es aquella que toma forma en la vida diaria, la que genera cultura, obras sociales, la que se concreta en un servicio cotidiano a los demás. Su muerte heroica aconteció en el campo de concentración de Auschwitz, durante la ocupación alemana de Polonia en la Segunda Guerra Mundial.

AUTODIDACTA, PERIODISTA, MISIONERO

Rajmund Kolbe nació en un pueblecito polaco el 8 de enero de 1894. Fue el segundo de cinco hermanos. Desde niño destacó por su espíritu inquieto. Creció en el conocimiento de las cosas estudiando por su cuenta ya que sus padres sólo pudieron costear los estudios al primogénito. De ellos aprendió una tierna y conmovedora devoción a la Virgen, a la que dedicó desde entonces cada momento de su existencia.

A los 13 años ingresa en el Seminario de los padres franciscanos, con el nombre de Maximiliano María. Estudió Filosofía y Teología en Roma y, en 1918, fue ordenado sacerdote. Movido por su devoción mariana funda “La Milicia de la Inmaculada”, un movimiento cuya finalidad es encarnar y difundir la fe en todos los espacios de la vida cultural y social.

Fue un apasionado de las artes, de las ciencias, de los avances tecnológicos, de los inventos. En 1922 lanza una revista titulada “Caballero de la Inmaculada”. Siete años más tarde abre, a 40 kilómetros de Varsovia, el primer convento al que llamó “Ciudad de la Inmaculada” (“Niepokalanow”) y que transformó en una ciudad consagrada a la Virgen con escuelas, teatros, talleres…, e incluso un complejo editorial en el que se llegaron a imprimir miles de ejemplares de ocho revistas.

Fue un apasionado de las artes, las ciencias, los avances tecnológicos, los inventos. Publicó ocho revistas, construyó dos ciudades dedicadas a la Virgen, con todo tipo de servicios.

“Niepokalanow” fue la expresión palpable de que la fe en Cristo es eminentemente práctica, es sinónimo de creatividad que se concreta en proyectos, en puestos de trabajo, en servicios que humanizan la vida. “Niepokalanow” fue la demostración de que la fe auténtica hace historia.

Sin embargo, la salud del Padre Kolbe nunca estuvo a la altura de su carácter audaz y emprendedor. Estaba enfermo de tisis y había perdido un pulmón. Pese a ello, cuando el Papa solicita sacerdotes para ir a Misiones, se traslada a Japón como voluntario. Allí funda una segunda “Ciudad”, y en Nagasaki publica la versión japonesa de la revista “Caballero de la Inmaculada”. La expansión misionera avanza imparable, al mismo ritmo que empeora su estado físico. En 1936 regresa a Polonia y es nombrado Superior de “Niepokalanow”.

EL PRESO 16.670

Tres años después, a los pocos días de que Alemania invada Polonia, los nazis bombardean la “Ciudad de la Inmaculada” y deportan a todos los frailes a campos de concentración en Alemania y Polonia. Inexplicablemente son liberados a los tres meses.

Pero los perversos programas de la ideología nacionalsocialista que habían aupado a Hitler al poder por medios democráticos, no consentían la libertad en ninguna de sus manifestaciones: sólo el pensamiento único. El Padre Kolbe figuraba en la lista negra de la Policía Secreta. Era sacerdote. Su cultura y prestigio le habían otorgado un gran poder de influencia y esto para la mentalidad alemana era intolerable. Además, daba asilo a los judíos y redactaba “El Pequeño Diario”, una publicación patriota y católica.

Era, pues, sacerdote, intelectual, influyente, patriota y amparador de judíos, es decir, autor de todos los delitos que recogía el programa de ocupación nazi para ser castigado y recluido en un campo de concentración.

Y así fue. El 17 de febrero de 1941, cuando Polonia resistía casi sin aliento bajo la pesada bota del nazismo, la Gestapo vuelve a “Niepokalanow” para detener definitivamente a Kolbe y recluirlo en la cárcel de Varsovia. Desde allí es trasladado, junto a otros 320 presos, al campo de concentración de Auschwitz.

El recibimiento, humillante y cruel, augura lo peor. A partir de ese momento cada preso deja de tener nombre. Sólo es un número. El Padre Maximiliano María Kolbe recibe el 16.670. Es asignado a una brigada de trabajo y destinado al bloque 14.

Ese mismo verano, el 3 de agosto, uno de los reclusos escapa. La noticia de la fuga enmudece al resto ya que conocen las reglas: “Por cada evadido, diez de sus compañeros de trabajo, escogidos al azar, serán condenados a morir de hambre en el búnker o sótano de la muerte”.

“QUIERO OCUPAR SU LUGAR”

La represalia no se hace esperar. Y al día siguiente, el comandante de campo elige a dedo a los condenados. En silencio van saliendo de las filas. Sólo uno, Franciszek Gajowniczek, abandona el pelotón, gritando: “¡Ay!, ¿Qué será de mi esposa y de mis hijos?”.

En ese momento “el Padre, quitándose la gorra –relata un testigo-, se puso en actitud de firmes ante el Comandante.

- ¿Qué quiere este cerdo polaco?, le gritó.

- Soy sacerdote católico polaco. Soy anciano -y apuntando hacia Gajowniczek, añadió-, quiero ocupar su lugar porque tiene esposa e hijos….

Tras un instante de silencio, el comandante, con un gesto de la mano y pronunciando la palabra: “¡Raus!”, (“¡Fuera!”), ordenó a Gajowniczek que regresara a su fila. De este modo, el Padre tomó el lugar del condenado”.

LA LIBERTAD VERDADERA

Mientras espera la muerte, recluido en el búnker, entre cuatro paredes, desnudo, enfermo y en condiciones infrahumanas, el Padre Kolbe, aún a pesar de sus circunstancias, se sabe libre porque a lo largo de su existencia ha comprobado que el secreto para ser feliz es amar.

Está convencido de que gastar la vida, día a día, en cosas concretas que contribuyan a hacer crecer como personas a los demás, es alcanzar el mayor Bien al que puede aspirar el corazón humano. Y ese Bien es Cristo. En Él hace años que encontró la libertad verdadera, la alegría de darse a sí mismo.

Al cabo de tres semanas, sólo cuatro de los diez condenados siguen vivos. Ante el apremio de nuevas remesas, las autoridades deciden no seguir esperando. Y el 14 de agosto se les administra una inyección letal.“Con la plegaria en los labios, el Padre ofreció el brazo al verdugo”, apostilla impresionado un testigo. Tenía 47 años.

"Venced al odio con el poder fascinante del amor. Venced la enemistad con la fuerza del perdón”. Juan Pablo II lo canonizó en 1982

Juan Pablo II lo canonizó en 1982. Con su vida, este fraile franciscano encarnó una de las propuestas que el Papa polaco lanzó a los jóvenes en Cuatrovientos, en su último viaje a España:

“Venced al odio con el poder fascinante del amor. Venced la enemistad con la fuerza del perdón. Testimoniad con vuestra vida que las ideas no se imponen, sino que se proponen. Para ello necesitáis la ayuda de la oración y el consuelo que brota de la amistad íntima con Cristo. Sólo así, viviendo la experiencia del amor de Dios e irradiando la fraternidad evangélica, podréis ser los constructores de un mundo mejor, auténticos hombres y mujeres pacíficos y pacificadores”.

 

 
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